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Este martes 25 de noviembre, la Fundación Catalunya Europa ha celebrado un debate en el Goethe-Institut reuniendo a Markus Beckedahl y Carlos Baraibar

Riesgos y oportunidades en la era de la información | Crónica de la conversación en el Goethe-Institut Barcelona



Este martes 25 de noviembre, la Fundación Catalunya Europa celebró un debate en el Goethe-Institut, reuniendo a Markus Beckedahl y Carlos Baraibar, moderados por Gina Rigol, para abordar cómo construir una sociedad más resiliente en un contexto de acceso informativo sin precedentes, pero dominado por grandes plataformas y por la proliferación de la desinformación.

La situación en Europa y en España

Gina Rigol abrió el debate planteando dos preguntas centrales: “¿Cómo nos informamos y quién nos informa? ¿Cómo abordamos estas estrategias para construir una sociedad más resiliente?”

A partir de un informe del Digital News Report, destacó que los medios de comunicación tradicionales siguen en declive, mientras que la dependencia informativa de las redes sociales no para de crecer, con un 46% de la ciudadanía española que se informa a través de plataformas de redes sociales.

Markus Beckedahl describió las diferentes realidades entre generaciones: “Tengo un mix de medios convencionales y nuevos, pero soy una generación intermedia. Mis familiares mayores ven la televisión y los jóvenes ven TikTok o Instagram.”

A continuación, Carlos Baraibar remarcó: “El CEO dice que la gente entre 16 y 49 años reconoce que se informa más a través de redes sociales; esto es la mitad de la población o más.” También señaló que el 80% de estos usuarios sabía que se encontrarían con noticias falsas: “Estamos en una adolescencia tecnológica; hace apenas unos días que estamos aprendiendo a consumir información así.”

Carlos explicó los esfuerzos de los medios tradicionales por adaptarse a los nuevos formatos y ser favorecidos por los algoritmos: “Los medios de siempre intentamos adaptarnos a un mundo que depende de lo políticamente conveniente para los dueños de las plataformas. Debemos entender los algoritmos y funcionar con la misma lógica que intuimos de las plataformas. Tenemos que atraer gente a nuestra plataforma, pero para ello debemos entrar en la batalla y encontrar un formato que llegue a toda la población.”

Gina Rigol planteó cómo hacer llegar información fiable en un ecosistema dominado por grandes plataformas y cómo crear nuevos espacios donde los medios tradicionales recuperen protagonismo. También preguntó si los medios tradicionales siguen generando confianza en un contexto donde la ciudadanía busca fuentes que percibe como cercanas.

Markus dejó claro que la desconfianza hacia los medios está justificada: muchos periodistas “han olvidado explicar cómo trabajan” y han gestionado mal los errores. Recuperar la confianza, según él, requiere más transparencia e incorporar elementos del periodismo constructivo, no limitarse a describir el apocalipsis, sino ofrecer soluciones y perspectivas diferentes. El periodismo debe ser diverso en su contenido, y las personas que informan deben ser diversas. Es importante que el público se sienta tenido en cuenta y forme parte de la investigación.

Carlos Baraibar, por su parte, recordó que la información “se ha institucionalizado, como si en las redes no pudiera haber información relevante. Esto ha generado distancia con la ciudadanía. El proceso generó desconfianza y tensó todo mucho.”

Gina, que trabaja con creadores de contenido, destacó que los nuevos creadores sí generan confianza y aportan “aire fresco”, pero también suscitan preguntas sobre quién está detrás y cómo se garantiza su responsabilidad informativa.

Riesgos y oportunidades en la era de la información

Más de la mitad de la población se muestra preocupada por discernir entre noticias falsas y noticias veraces. ¿Está nuestra sociedad civil preparada para hacer esta distinción?

Carlos Baraibar declaró: “Gestionamos una cantidad de información sin precedentes; no podemos asumir este volumen porque estamos constantemente excitados. Esta información en grandes cantidades es muy tóxica y difícil de navegar. Debemos volver al slow information.”

Beckedahl añadió que se necesita un enfoque sistemático: hay empresas que se benefician masivamente de la desinformación. Según cifras de Meta, explicaba, un 10% de sus beneficios anuales provienen de contenidos falsos que operan dentro de la plataforma. Este modelo no puede ser legal; hay que perseguir sistemáticamente a las plataformas que ganan dinero con ello. Advirtió que no hay soluciones políticas inmediatas para los deepfakes, pero sí palancas para limitar los incentivos que los impulsan.

La conversación derivó hacia el papel de las instituciones. Beckedahl expuso que, aunque existen leyes europeas para regular las plataformas, “no se imponen”: las grandes fortunas tecnológicas “se ponen bajo la protección de Trump, que presiona con aranceles a la UE”, frenando así la acción política. “Tenemos el caso de X, el antiguo Twitter, donde Elon Musk compró la plataforma de comunicación más importante del mundo, multiplicando los beneficios obtenidos y modificando la visibilidad de los contenidos, haciendo que la extrema derecha sea cada vez más visible en detrimento del contenido democrático.”

Carlos Baraibar advirtió del riesgo de que las instituciones terminen “regulando la verdad”, un instrumento potencialmente peligroso. Criticó que la lucha contra la desinformación se haya situado en el ámbito de la seguridad nacional en lugar del pluralismo. Recordó la prohibición de Russia Today y Sputnik: como sociedad madura, decía, deberíamos permitir que la ciudadanía acceda a los contenidos sabiendo qué son, porque la censura abre la puerta a vetos futuros. “La regulación de arriba hacia abajo es peligrosa; el sistema mediático debe mostrarse combativo y resiliente ante esto.”

Markus insistió en que es necesario limitar el poder de los multimillonarios digitales y fomentar alternativas: “Muchos medios periodísticos querrían ser sin ánimo de lucro, lo que permitiría financiar nuevos sistemas de comunicación.”

Gina Rigol preguntó qué papel deben jugar los informadores digitales y cómo pueden sostenerse económicamente. Beckedahl alertó que muchos influencers desconocen el poder que tienen, mientras que otros sí lo saben y lo utilizan para imponer ideologías.


Cómo construir una sociedad democrática más robusta

Beckedahl defendía que, en un mundo ideal, deberíamos tener plataformas dedicadas al bien común, pero para avanzar en ello se necesita más transparencia: los investigadores no tienen acceso para entender cómo funcionan realmente los algoritmos, y esto es indispensable para diagnosticar los problemas.

Carlos reivindicó el papel de los medios públicos: “Somos una gran herramienta porque no tenemos que preocuparnos por el dinero, pero debemos asumir la responsabilidad que tenemos.” Destacó la cooperación europea, como la red de verificación de la UER, que permite compartir formación y recursos y publicar información verificada más rápidamente: “La verificación agrupa a mucha gente. En 3Cat, dentro de la UER, podemos compartir formación, información y experiencias para publicar información veraz de manera rápida.”

Markus Beckedahl alertó sobre los entornos digitales que generan adicción y defendió una regulación más estricta. Carlos retomó el ejemplo de Twitter previo a la compra de Elon Musk: “En el Twitter de antes había una moderación más elevada; vemos que puede funcionar incluso siendo una iniciativa privada. Una regulación firme y una conciencia corporativa pueden encontrar un punto medio.”

Gina Rigol concluyó que las plataformas responden a una demanda, y que es necesario educar sobre qué tipo de información consumimos: “Debemos tener en cuenta que las plataformas siguen siendo plataformas de consumo, no despreciemos que el contenido responde a la demanda. Debemos educar sobre qué información buscamos en las redes; si solo buscáramos contenido verificado, lo tendríamos más fácilmente.”


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